jueves, 6 de marzo de 2008

Marcador a cero otra vez

No saben nah lo que me pasó. Me alcanzaron los puntajes pa’l norte. En serio. Ni yo me lo creí, si no había estudiado nah, poh. Casi me caí de poto cuando miré la página de Internet y como era una de esas truchas que publican antes, menos me lo creí. Tuve que esperar a que fueran las doce y en la página de La Chile recién vine a creerlo. Primero fue como, “ah, la media volaíta” y después “waaaaa, ¿qué hago ahora?”.


Lo primero que hice fue contarle a mi hermano que estudia en Valpo, después a La Poncia y al final a mi papá. “Papá”, le dije, “no sabís nah, me alcanza el puntaje para parvulario en Valparaíso”. Se cagó de la risa, poh. “Pedagogo en Educación de Párvulos y el hocico te queda ahí mismo”, me corrigió sabiendo que lo estaba palanqueando. “¿Y qué vas a estudiar, este?”, me preguntó tomando un cuchillo de la mesa y agarrándome por el cuello. “Tú sabís lo que quiero”, le respondí entre risas. “Bueno, pero después no te vas a andar arrepintiendo porque tenís que dejar terminado tus estudios, no te venís de vuelta sin acabar algo ¿escuchaste?”, fueron su alentadoras palabras y, finalmente, la aprobación para que hiciera lo que siempre había querido: estudiar Enfermería. Nah oh, si toy leseando: Periodismo. Sí, quizás me voy a morir de hambre, pero no importa. Que le ponen color, oh.

¿Y qué dijo mi mami? ‘Uta, mi mami se puso histérica. Empezó a llamar a todas sus amistades del norte. Quería que me fuera a Viña porque ahí tiene a la mayoría de sus amigas pero yo me puse firme, le dije que no, que me iría con el René, mi hermano grande que vive en Valparaíso. Pero insistía la iñora, que “la Poty Echeñique vive tan cerca de tu facultad, a lo mejor te puedes quedar ahí mientras buscamos un departamentito y así también puedes pasar todos los días a saludar a la tía Enriqueta que está tan viejita y sola, seguro que te invita a tomar té. Tiene un nieto estudiando Medicina, podrías hacerte amigo de él, tienes que ampliar tu círculo de amistades…” y bla bla bla, no le paró la lengua hasta que me subí al avión.

¿Y La Poncia qué dijo? Estaba contenta por mí, pero igual me di cuenta que le daba pena. A mí también. Es que ella recién pasó a tercero medio poh. Le dije que si quería, como ahora voy a estar tan lejos, podíamos quedar como amigos. Casi me pega. “¿’Tay loco? ¿Pa’ que podai ponciar tranquilo en el norte? Nica. Lo que vamos a hacer es lo siguiente”, me dijo furiosa, “ahora existe el Messenger, el Fotolog y el celular para que no se pierda el contacto”. “Ah, ¿me vas a tener cortito?”, le respondí. “Sí”, fue su única respuesta y no habló más el tema. Después me abrazó y me dijo que me quería mucho. Será poh. No sé cómo me voy a aguantar tanto tiempo sin ella por allá.

Lo que me queda claro es que muy alto puntaje habré sacado en la PSU, pero desde ahora el marcador vuelve a cero. Y ahora una confesión, pero no se lo cuenten a nadie: nunca he estado en el norte. Quizás por eso mi mamá insistía con que me fuera a Viña, con tanta noticia en la tele y los diarios de asaltos, asesinatos a abuelitas, niños perdidos y abusados, y todo el kit de violencia que viene incluido hasta agotar stock.

Y me da un poco de miedo eso, pero bueno, que no se me aconchen los meaos y a echarle pa’lante nomás. Y no saben nah lo que me pasó después, pero eso mejor se los cuento la próxima semana.


Escribe contando tus anécdotas del norte a lautaro.chamorro@gmail.com

1 comentario:

  1. Buena Lauta! Estaré esperando la próxima historia... Felicitaciones!

    ResponderEliminar